EN EL TIEMPO DE LA BALA Y LA SALAMANDRA

 

Un testimonio dramático: el rastro psicológico del terror en Colombia.

 

Por: José Gabriel Cruz

Literato y Magister en Escrituras Creativas

Universidad Nacional de Colombia

 

Este libro, escrito por Vladimir Carrillo Rozo, es el relato novelado de un líder de la Unión Sindical Obrera USO, secuestrado por paramilitares. Gilberto Torres cuenta en primera persona el suplicio al que fue sometido por las llamadas Autodefensas Campesinas del Casanare y la forma en que volvió del otro mundo, del mundo de los muertos. Al propio tiempo, este es un testimonio aterrador que revela de manera minuciosa un periodo reciente de la Historia de Colombia. Podrían ser también las palabras, las reflexiones agónicas y los sentimientos finales de los centenares y miles que como este sindicalista, fueron igualmente arrancados de su entorno y arrastrados hasta esa oscuridad, pero no pudieron volver para contar el cuento: esas voces resuenan en el trasfondo del relato como si vinieran de ultratumba. Es así como podemos tener una idea de lo que vivieron los 40, 50 o 60 mil desaparecidos de las últimas tres décadas.

Algún día se escribirá el Gran Libro del Terror en Colombia. Por lo pronto, este puede ser uno de sus escalofriantes capítulos, sobre todo porque en él se percibe de cerca el espanto de lo que ha pasado en la historia reciente de este país. Las huellas escritas de los crímenes y genocidios de Hitler, Franco, Videla, Pinochet y sus hordas de asesinos hoy pueden sonar lejanas, como un viejo cuento de terror. Pero lo que se relata en este libro es tan inmediato, tan cercano, que al leerlo nos parece estar escuchando los consabidos noticieros cuando entregaban los datos de las masacres diarias –incluso a veces en forma banal y divertida- al lado de las noticias de la selección colombiana de fútbol o de los reinados de “belleza”.

 

La obra de Vladimir Carrillo muestra en forma descarnada, tanto en sentido literal como metafórico, las vísceras y los intestinos de lo que ha sido esta guerra de exterminio, a través de un hecho preciso: el secuestro de un líder obrero por parte de los paramilitares. Es evidente que el escritor realizó un arduo trabajo de investigación alrededor de este suceso, a través del cual quedan al descubierto los múltiples intereses relacionados con el intento de asesinato del dirigente sindical, así como las relaciones funcionales entre dichas organizaciones criminales y los agentes del Estado colombiano. Las implicaciones van desde la más alta investidura, el presidente de la República, hasta instituciones completas de alcance regional y nacional, como fueron el DAS y varias brigadas militares, entre otras entidades estatales y políticos en ejercicio. Además, queda en evidencia el papel cumplido por altos funcionarios de las empresas petroleras, tanto de las compañías extranjeras que operan en el país, como de la estatal Ecopetrol, quienes fueron instigadores y financiadores directos de diversos crímenes. Los datos que el narrador refiere sobre dichas implicaciones aparecen sustentados en innumerables investigaciones y sentencias judiciales, así como documentos políticos y periodísticos, dentro y fuera del país.

Paradójicamente, esta obra tiene el mérito de ser inclasificable dentro de los géneros literarios. No podemos decir que es una novela, pero tiene lo esencial del género: la evolución dramática del personaje principal, vista en gran medida desde el propio fluir de su conciencia. Tampoco es en sentido estricto una crónica, pero el relato nos lleva paso a paso, día tras día y hora a hora por el Calvario recorrido. (Pongo aquí este símil debido al significado de la palabra Calvario: “El monte de la calavera”). El relato tiene también elementos propios del ensayo, como es la reflexión permanente; sin embargo, en este libro los argumentos en lo fundamental son los hechos concretos: de un lado, las balas, los machetazos, las cadenas untadas de sangre, las asociaciones entre la legalidad y el crimen. Del otro lado, las grandes movilizaciones de los trabajadores, su férrea resistencia, la solidaridad y el compañerismo. Cabe anotar además que si bien el autor no nos presenta una tesis claramente definida, como es común en los auténticos ensayos, no hay duda que al terminar la lectura de esta obra, cada lector podrá elaborar su propia tesis, es decir su propia conclusión. No le va a quedar difícil, por la contundencia de los datos que aporta.

También es posible afirmar que este libro no se puede leer de cualquier modo y al mismo tiempo se puede leer de distintas maneras. Me refiero a que por sus características, hay que apreciarlo como una totalidad, al tiempo que destacar en particular algunos capítulos y fragmentos. Porque la estructura de la narración estimula no sólo a su lectura completa, individual y silenciosa; también permite la posibilidad de que algunos pasajes sean leídos en voz alta en coloquios con trabajadores, entre otras cosas para resaltar sus imágenes poéticas, los diálogos bien logrados, la tensión narrativa y la fuerza en la expresión.

Podemos presumir que Vladimir Carrillo pensó o tuvo en cuenta a los distintos tipos de lectores que se acercarían a esta obra. Hay pasajes donde el personaje principal, el sindicalista Gilberto Torres, parece que se perdiera en larguísimas reflexiones y recuerdos quizás demasiado abstractos, que desde luego corresponden a su estado psicológico en condiciones de cautiverio tan dramáticas. Aunque este es un rasgo característico que recorre toda la obra y por momentos le quita ritmo a la narración, no le hace perder su coherencia y unidad. Así, los distintos lectores pueden sacar provecho de su potencial.

Por todas estas razones es recomendable la lectura colectiva. Si no del texto completo, sí de algunos apartes claves. Es una manera de que la obra se conozca y se difunda en diferentes sectores sociales y en especial entre la población trabajadora. Para que su lectura no se quede circunscrita a los círculos intelectuales, académicos y de la dirigencia sindical exclusivamente, como es tan común que ocurra. Y con mayor razón tratándose de un relato de estas características, que exige de los trabajadores un poco más de dedicación a fin de aprovechar su riqueza latente como obra testimonial y literaria. En el contexto de un país donde poco se lee y hoy más que nunca se necesita, es  un insumo vital de cara a nuevas movilizaciones en el marco de inminentes desafíos.